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November 24, 2012

CHARLES BREWER CARIAS - LA VIDA DE UN EXPLORADOR DEL SIGLO XXI







Presentación del explorador Charles Brewer-Carías
(Por Alberto Blanco Dávila Editor en Jefe de la Revista Río Verde)
Al entrar en el tercer milenio parecía que no habría más hallazgos geográficos o biológicos importantes sobre la Tierra y se presumía que sólo del fondo del mar, o desde el espacio distante provendría el asombro. Ya en el siglo XIX hombres como Schomburgk, Darwin, Wallace y Spruce, hijos de la Inglaterra victoriana, se empeñaron en dar a conocer la biodiversidad existente en Suramérica que Humboldt, Codazzi, Michelena y Rojas e Im Thurn completaron por el Sur de Venezuela. Después, ya en el siglo XX y a partir de que el piloto Jimmie Angel aterrizara aparatosamente en la cumbre de la meseta Auyantepui, la atención de los exploradores se centró en Guayana y a partir de entonces Tate, Phelps, Maguire, Vareschi, Huber, Dunsterville y Steyermark treparon a los tepuyes para dar a conocer el extraordinario mosaico de biodiversidad que escondían las tierras Altas de Guayana donde, en 1912 el famoso escritor Sir Arthur Conan Doyle dijo que se encontraba el “Mundo Perdido“.
Es también recorriendo este “Mundo Perdido” conformado por las mesetas de Tierras Altas de Guayana, que él bautiza como “Islas en el Tiempo”, y es en la década de 1960 cuando Charles Brewer Carías empieza a distinguirse como un explorador de la selva, quien después de compartir muchas expediciones con sus maestros botánicos Steyermark, Vareschi, Maguire y Dunsterville, logra traspasar el umbral del siglo XXI ya preparado como un naturalista enciclopédico a la manera de sus antecesores victorianos y que, al igual que Spruce, sin que pareciera haber sido comprendida plenamente la importancia de estas exploraciones que, generaron un caudal de información tan sin igual, que al terminar la expedición al Cerro de la Neblina en 1984, el entomólogo Spangler comentó, que quienes estarían encargados de estudiar y clasificar lo que se había colectado en esa sola expedición, estaban aún por nacer…!
Aunque Brewer-Carías se educó entre especialistas de muchas disciplinas, su formación es la de un renacentista interesado en todo lo que le rodeaba, y muy especialmente embelezado por las historias sobre las ciudades perdidas en la selva que escucho de Gustavo Heny y Carlos Freeman, así como las historias locales sobre el Lago Parima y famoso el Hombre Dorado. Porque fué en busca de una de estas ciudades, al igual que lo hizo Percival Fawcett en Brasil 35 años antes que él, la razón por la cuál este explorador venezolano, nieto tanto de de un diplomático inglés como de un escritor de Caracas, decide irse a vivir a la selva para vivir en medio de un grupo de indígenas de la etnia Ye´kwana que hablaban de los mismos hombres sin cabeza (Ewaipanomas) que describió Sir Walter Ralegh y es allí donde él aprende esa lengua indígena y adquiere la mayor parte de su conocimiento sobfre técnicas y recursos para sobrevivir, que es el tema de su próximo libro..
Un año después organiza desde la Universidad Central de Venezuela una expedición multidisciplinaria para estudiar la biodiversidad del Río Paragua (afluente del Orinoco) y buscar la ciudad perdida de San José de Guirior. Y hacia 1971 se empeña en alcanzar en helicóptero la cumbre del Cerro Autana para colectar las plantas y animales que se habrían quedado aislados en aquel tepuy inexplorado y descifrar el significado de unas supuestas pinturas rupes¬tres que creía haber visto dentro de una insólita cueva que estimaba de origen eólico; ya que inexplicablemente atravesaba a la montaña de un lado al otro, como el ojo de una aguja. Como pudo constatar cuando acompañó a su amigo el Cap. Harry Gibson para volar alrededor de la cueva situada a más de 1.000 metros de altura sobre la selva circundante. La expedición de alto riesgo resultó un éxito en cuanto a la colección que hicieron sus amigos Julian A. Steyermark y G.C.K. Dunsterville de plantas nuevas para el mundo pero, aunque las supuestas huellas de una civilización extinta resultó se una pared manchada por líquenes; desde el punto de vista espeleológico se descubrió la primera caverna en cuarcita, que a la vez resultó ser una de las más antiguas del mundo.
Este formidable descubrimiento espeleológico animó a Brewer-Carías para convertirse en un descubridor de otras cuevas que pudiera haber en la cumbre de otras de esas “Islas del Tiempo”; y en 1974 organiza con el apoyo de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales de Venezuela, una expedición multidisciplinaria para descubrir unas gigantescas depresiones con paredes verticales de 300 mts de profundidad anidadas en la cumbre de una meseta remota e inexplorada, que él bautizó como “las Simas de Sarisariñama”. No obstante, y por una razón que distingue a los descubridores, este explorador de oficio no solo se empeñaría en resolver enigmas geo¬gráficos, y entusiasmado por su amigo el botánico Steyermark, encuentra que la biodiversidad de la cumbre de los tepuyes es un tesoro biológico que decide compartir sin mezquindad alguna con los centenares de taxónomos que le acompañarán durante las casi doscientas expediciones bien documentadas que ha estado dirigiendo durante medio siglo a las cumbres de esas “Islas en el Tiempo“.
Como resultado de su sed insaciable por el conocimiento y la asistencia de los taxónomos que estudiaron los que se iba encontrando en las expediciones que dirigió, quedaron clasificadas para el mundo varios centenares de plantas y animales que nadie había visto antes. Pero también simultáneamente se empeñó por conocer la vida de los hombres de la selva y al convivir con ellos aprendió dos de sus lenguas. Pero esta actividad como investigador antropológico se hizo muy intensa mientras acompañó a Napoleon Chagnon durante una veintena de expediciones. Un antropólogo, que resultaría el mas cuestionado del mundo, debido a su visión del hombre como un animal que estaría sometido, al igual que el resto a las leyes sobre la selección natural que habían sido explicadas por Darwin cien años antes. Pero esto, curiosamente y aún en pleno siglo veinte, no resultaría aceptable por casi la totalidad de los antropólogos locales, quienes consideraron junto con los misioneros del área que, la manera de pensar de estos darwinistas resultaba localmente una amenaza para el gremio y por ello preparan una estrategia de opinión para satanizar a Chagnon, a Brewer y a Issam Madi, porque estos hicieron pública su preocupación por el futuro de los Yanomamö, que estaban siendo despojados rudamente de sus tradiciones religiosas, además de ser asediados por un antropólogo francés con no muy buenas intenciones.
Primero intentaron la desaparición física de los investigadores mediante una estrategia criminal que falló, pero que después fue suplantada por una satanización casi perfecta, gracias al apoyo de personas influyentes de la localidad y de la publicación de un libro best seller donde un periodista americano de apellido Tierney difundió la idea que Brewer, Chagnon se encontraban interesados en explotar unas minas de uranio y de oro del Amazonas, y que además intenta descalificar el enorme esfuerzo que hicieron durante la década de 1960, cuando se empeñaron en detener